jueves, 2 de junio de 2016

Qué pobres somos Paulo Coelho


Una vez, un padre de una familia acaudalada llevo a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que viera cuán pobres eran las gentes del campo.
Estuvieron por espacio de un dí­a y una noche completa en una granja de una familia campesina muy humilde.
Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo:
“¿Que te pareció el viaje?” – preguntó el padre.
Fue fantástico Papá! – dijo el hijo
¿Viste que tan pobre puede ser la gente? – preguntó el padre
¡Oh, sí­!– dijo el hijo
Y, ¿que aprendiste? – preguntó el padre
El hijo contestó:
Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.
Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardí­n y ellos tienen un rí­o sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos y otras bellezas.
Que nosotros importamos lámparas del Oriente para alumbrar nuestro jardí­n, mientras que ellos se alumbran con la luna y las estrellas.
Que nuestro patio llega hasta la pared de la casa del vecino, ellos tienen todo el horizonte de patio.
Tenemos un pequeño pedazo de tierra para vivir y ellos tienen campos que van más allá de nuestra vista.
Que nosotros compramos nuestra comida. Ellos, siembran y cosechan la de ellos.
Nosotros cocinamos en estufa eléctrica. Ellos, todo lo que comen tienen ese glorioso sabor del fogón de leña.
Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas. Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.
Nosotros vivimos conectados al celular, a la computadora, al televisor.
Ellos, en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del valle, a los animales, a sus siembras, a su familia.
Especialmente papá, vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia.
Tú y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo y rara es la vez que conversan conmigo.
El padre se quedó mudo y su hijo agregó:
¡Gracias Papá por enseñarme lo pobres que somos!
REFLEXION: En este mundo tan materialista en el que vivimos a veces olvidamos lo que es verdaderamente esencial 
Nos olvidamos de apreciar  la naturaleza y en cambio nos preocupamos por obtener cosas materiales  y competir en vez de preocuparnos por ser, y no ver en las pequeñas cosas de la vida.
Este maravilloso cuento de Paulo Coelho nos ayuda a reflexionar sobre ello.